lunes, 2 de septiembre de 2013

Aquella tarde me volví adicta al humo que se escapaba de tu boca entreabierta.
Era como si tuviese la capacidad de nadar en él... Y de pronto aparecer en un submarino minúsculo, dentro de ti, siguiendo la estela de un cometa (quizá era un cometa) que me dejaba inerte en tus labios...
Y entonces volvía a escaparse el humo y...

(Mis labios en la punta de su nariz. Su sonrisa. Pensaba que jamás había visto algo más bello, y era verdad.)

domingo, 1 de septiembre de 2013

Quédate hoy que es domingo...

Quédate conmigo esta noche. Nada más porque es domingo.
Prometo no romperte, ni romperme, ni rompernos.
Armaremos una casita con mantas, y comeremos tantos (tantos, tantos) dulces que se nos olvidará el sabor melancolía y espiral.
Nos contaremos cuentos y jugaremos a hacer figuritas con nuestros dedos en la pared.
Te hablaré de las cosas que no entiendo y me mirarás como diciendo "Mi niña, bien sabes que no entender es ya haber entendido."
Me besarás y te besaré.
(Y no es lo mismo, y no te voy a decir porqué.)
Me dirás que no te gustan mucho las margaritas que porque son tristes y translucidas. O quizá sea yo la que diga tal incoherencia.
Cuando te estés quedando dormido te lanzaré el humo de mi cigarrillo en el rostro...
Entonces haremos el amor.
La casita se no caerá encima y nos reiremos de seguir con vida.
Me sentaré con la espalda recargada a la pared y tú te acercarás a mi regazo para dormir.
Te acariciaré el cabello hasta quedarme dormida. Y posiblemente sueñe que volamos.
Despertaremos a eso de las 10:00 a.m, cuando ya hayamos olvidado mitad de lo ocurrido apenas unas horas atrás, nos confiaremos de que todo el tiempo sin respirarnos sólo fue un mal sueño, de esos que no vale la pena recordar. Porque si algo se nos da bien es confiarnos hasta en las mentiras.
Podemos subir a la azotea, a buscar las nubes para hallarles forma. 
Puedo contar tus lunares con los ojos cerrados y la lengua.

 Encenderé un cigarrillo y me mirarás como si hubiese hecho algo incorrecto, entonces te besaré la nariz y sonreirás. 
Terminaremos compartiendo el cigarrillo.
Y después...


Margaritas, inviernos y lenguas.

Me he puesto a pensar en el invierno. (No sé bien porqué) 
He pasado al rededor de una hora andando entre las margaritas, cachando copos de nieve con la lengua, misma que anhela acariciarte los parpados y la clavícula.
Ojalá estuvieses aquí, en el campo de margaritas, conmigo. Podríamos jugar con ellas a eso de "Me quiere, no me quiere" y quedarnos juntos sin importar lo que la flor translucida y triste diga.

(Las margaritas se parecen a tu cuello.)

viernes, 9 de agosto de 2013

Como caminar sobre las vías.

"Dame la mano", pidió T.
"Joder, T, no me va eso de tomar de la mano a los demás.", pensé.
Le di la mano.
Caminamos por las vías de tren, tomados de la mano (o algo parecido puesto que sólo sujete dos de sus dedos). Yo le hablaba sobre Z, él se limitaba a escuchar.
Cuando ya íbamos libres, habló.
-Cuando me diste la mano y caminamos, no pensé en nada. Pero ahora se me ha venido algo a la mente.
-¿Qué?
-¿Recuerdas que ayer me hablabas sobre las palabras que te gustan? Yo te dije que la palabra más bonita era "estabilidad".
-Sí -le digo con mohín.
-Pues, quizá sea fuerte decirte esto...-dice y lo interrumpo-
-Dime -le pedí mientras veía la vía bajo mis zapatillas azules y desgastadas, deseando que no fuera a romperme a palabras.
-Yo soy estable. Cuando te tomé de la mano, eramos estables. Pensé que no íbamos a caer... Tú te caíste, y me hiciste caer también. Te volvía tomar de la mano y volvimos a caminar; volviste a caer, pero esta vez yo fui lo suficientemente estable como para mantenerme en pie. Subiste nuevamente a la vía, pero yo ya no te di la mano, y hasta ahora has vuelto a caer varias veces, pero yo ya no.
-Sí... -dije en un suspiro y casi escuché como me rompía.
-¿Entiendes lo que trato de decir? -preguntó con seriedad. 
Asentí y me abrazó.

Lo entendí, sí. 
Sí...




(...)

jueves, 8 de agosto de 2013

Volviste para recordarme mis taras, mis bloqueos, mi desastre.
Para recordarme la vil incapacidad que tengo de encerrarme dentro de mí cuando las letras se tratan de ti.
Volviste para complacer al miedo.
Para dejarme bien en claro que todo lo que a mí llega, se rompe, se ahoga, se muere.
Volviste sin corazas.
Volviste para escocerme los labios con letras.
Volviste para desbordarme.
Volviste y te fuiste, dejándome aturdida, rota y sola.

(Gracias por volver.)

Tú no sabes a melancolía y espiral...

Sabes a mañana y frío.
Sabes a tu mano cogiendo la mía antes de las 7:00 a.m.
Sabes a mi rostro hundido en tu cabello.
Sabes a besos en la mejilla y la frente.
Sabes a incendios de nieve; parecido a volar y caer.


(Ojalá fueras el amor de mi vida)

"Cuentos de un loca: Las letras de J."

"Él es mejor que yo -dijo J.- él consiguió dañarte de una manera exquisita... como a ti te gusta que te dañen."

... Ella tenía razón: me gusta la manera en la que me daña, tiene un sabor exquisito, homólogo a "Kiwi con fresa".

Maltrecha poesía de mi más reciente vida que matamos un 21 de julio.

En el calendario se lee "8 de agosto" y en el reloj "1:40 a.m", pero yo no me lo creo.


Viene a mí una imagen: Soy yo escribiendo en una máquina, con la vista perdida en los árboles que danzan dulcemente como si todo marchase bien. Soy yo escribiendo como una loca que no piensa, que es puras letras, puro desorden, puro vacío.

Pero, ¿qué se leía en esa maltrecho trozo de papel?

"Camino sola por un pasillo interminable. Interminable como nuestra melancolía.
Camino sola, rota, jodida por un pasillo interminable. Y ahí también estás tú.
No te veo, pero sé que ahí estás:
Puedo sentir el roce de tus pies descalzos con el suelo. 
Camino rota, jodida, temerosa por un pasillo interminable. Interminable como nuestra melancolía.
Y ahí también estás tú, pero estás solo. Y yo sola estoy."


Sonrío con tristeza: Eso no ha cambiado.



miércoles, 7 de agosto de 2013

La soledad me escuece los labios.

Desperté debido a que el dolor, ligero e insistente, se tumbó sobre mis labios.
¡Joder, cómo escuece esta soledad!
Me quité la sábana de encima y la lancé lejos de la cama. 
Permanecí sentada al borde por unos minutos, y rompí a llorar. Así nada más.
"Joder", susurré al sentirme en patetismo, y con violencia me limpie las lágrimas del rostro y el cuello.
Y pensar que tus labios habían rosado el mismo sitio que ahora mis dedos coléricos maltrataban.
Encendí la lampara de noche y observé la lluvia por el ventanal. Ni siquiera sonreí.
Eché un vistazo rápido al reloj. 

-"3:15 a.m. Joder, qué bien me vendrían un cigarrillo y un café ahora mismo.", dice Vía.
-"Pero no hay café. Mucho menos cigarrillos.", le reprende L.
-"Hay ausencias. Se pueden fumar." dice Vía.
-¿Y qué vas a beber?, pregunta L.
-Hay ruinas también... 


(Poco a poco me rompo más.)

martes, 6 de agosto de 2013

"Cuentos de una loca: Melancolía y espiral."

Me he buscado tu ausencia, y por suerte, la he encontrado.
    (...)                                        

Por cierto, ¿te has fijado en el bonito color que tiene el té que en la etiqueta te cuenta "Kiwi con fresa"?
Vaya que es precioso, se parece mucho al color del cabello de Ella.
Hasta tiene el mismo sabor: melancolía y espiral. 
... ¿Será a caso que el té sí tiene sabor kiwi con fresa?
¡Imposible! A mí me sabe a melancolía y espiral. Y no es delirio, es de verdad.
Joder, pero no me cuadra...
¿Será a caso que el kiwi con fresa sabe igual que melancolía y espiral?
¿O será que el sabor melancolía y espiral se me escapo de adentro en un suspiro y se adhirió al té de precioso color?

Por cierto, ¿en qué iba?
¡Ah, sí! ¡Tu ausencia!
...


("Qué más da... ¡Vete al infierno, pequeña princesa!
Allá hay bastante té y bastante poesía.")

lunes, 5 de agosto de 2013

"Despierta, cariño... ¡Abrázame, he tenido una pesadilla horrible!"

Despierto de golpe, con el corazón agitado y ahogada en llanto. Me tiembla todo el cuerpo, me convulsiona.
Me siento a la orilla de la cama y con el rostro entre las manos, dolesco.

"He tenido una pesadilla horrible. - digo un hilo de voz- Me pediste que te abrazara; me negué.. "No", me escuché decir... Tenía miedo.
Cabizbajo me tomaste de las manos, y me besaste. Un beso efímero y desconsolado. "Te amo" dijiste.
Me abrazaste obligándome a abrazarte también . De no abrazarte, hubiera caído ridículamente al suelo. 
Recargué la cabeza en tu hombro y temerosa pregunté "¿Era eso lo que tenías que decir?". Respondiste que no.
Me dijiste que te mudarías al D.F o a otro sitio por asuntos de la banda, que quizá sería antes de que julio terminase...  Mencionaste también algo sobre la distancia y nuestras ganas e incapacidad para vivirnos. 
Yo te escuchaba, desolada. Al mismo tiempo que un frío abrumador se acurrucaba bajo mi piel, para siempre.
Tus palabras se habían desbordado dentro de mí. Así como entraban, se escapaban por mis ojos.
Y sentía amarte tanto... tanto que no podía siquiera negarte que te marcharas.
Quería hablarte; quería pedirte que te cuidaras, que te cuidaras tanto como quería cuidarte yo. Pero mi capacidad para hablar era absolutamente nula, absurda, incoherente. 
No te imaginas qué tan doloroso era todo...

Luego nos amamos. Describirle sería como degradarle todavía más, así que me abstengo.

Calló la noche y tuve que largarme. 
Lo último que escuché de ti fue "Hasta luego. Te amo". 
Subí al autobús y desde la ventanilla te miré desconsolado. Agité la mano en el aire para despedirme de ti. Tú correspondiste con un gesto similar. 
Te acercaste más o el bus se acercó más, joder, no me acuerdo... 
Recuerdo haberte leído un "te amo" en los labios. 
El bus comenzó a andar sin intenciones de retroceder. Se fue alejando del sitio en el que te encontrabas y al verte lejos de mí, desfallecí.
Finalmente, levantaste la mano en un gesto de despedida; yo te correspondí. 
Y saliste volando.


Pasaron los días y yo te escribía, te quería...
Pero el drama que pedías necesitaba silencio...
Todo parecía tan poético, tan patéticamente trágico...

Los días seguían pasando, pero yo ya no los entendía. (Ni los vivía.)
Consideré los "siempre" como promesa. Nuestra promesa.
Yo te amaba, te amaba tanto que era incapaz de no cumplirla.
... Tú la habías destrozado.
Te habías vuelto ausente, callado, sombra...
Parecías...
Mi amor, parecías mentira.
(...)Yo a veces estaba muriendo.
Las otras veces me estaba matando.
Solía corear letras melancólicas, fumar cigarrillos cualquiera, e incluso solía beber té o café.
Nada más para tratar de sentirte cerca. Que si funcionaba o no ya es otra cosa.
Las horas de insomnio, pena y soledad me hacían necesitarte.
¡Detén esto y abrázame!, sollozaba hasta que la voz se me apagaba.
Y el despertar cada mañana era un martirio.
Los encuentros con el espejo me hacían tumbarme en el piso frío.
Mis ojeras aumentaron.
Mi cabello cada día iba más enmarañado.
Mis monstruos me consumían.
Joder, ni para qué seguir... ¡Era un desastre!
...Si el termino dolor no estuviese tan masticado, expresaría en su totalidad lo que sentía. 


Repasaba mentalmente:

  • Nuestros cuerpos adheridos.
  • Mis manos al rededor de tu cuello.
  • Tus manos en mi espalda.
  • Mis lágrimas.
  • Mi mirada baja.
  • Tus dedos en mi rostro.
  • Mis ojos en los tuyos.
  • Tú hablando a futuro.
  • Yo rompiendo el futuro.
  • Un beso.
  • "Te amo."
  • Mis labios rosando los tuyos.
  • "Te amo."
  • El puto tiempo interrumpiéndonos la vida.
  • "Hasta luego. Te amo."
  • Y otro rose de labios. 

-¿Qué título le iría bien a esa parte de la pesadilla?... "final equivocado de lo que sería el principio de una vida sin ti.", quizá.

¡Te esperé horas, vidas, en mi habitación!
Esperaba a que abrieses la puerta con la llave que te había obsequiado tras decir <<Para cuando decidas vivir debajo de mi cama.>>
...Tú jamás apareciste."


"Qué real lo sentía todo, qué dolor tan visceral... Joder, sigo temblando..." susurro para mí.
Separo el rostro de mis manos y me limpio las lagrimas con los dedos fríos.
"Menos mal que sólo ha sido una pesadilla, ¿no crees, cariño?", le digo suspirando. "No te vayas de mí nunca."
No le escucho ni respirar.
¿Te has quedado dormido?, pregunto aún sentada a la orilla de la cama.
"Qué idiota. Tan asustada estaba que ni siquiera le desperté. Me la he pasado hablando con su ausencia", pienso, y me estremezco al ser consciente de que he pensado en él como ausencia. 

"Despierta, cariño...", digo con voz quebrada.

No me responde y me entra el pánico como una bocanada de humo.

"Despierta, cariño... ¡Abrázame, he tenido una pesadilla horrible!", digo desesperada volviéndome bruscamente a buscarlo entre la oscuridad y las sabanas. 



No le encuentro...

domingo, 4 de agosto de 2013

No supe ni cómo empezar.

Obstinada me decidí a tratar de escribirte una carta.

Eran las 9:45 p.m. Frente a mí yacía una hoja en blanco y un lapicero negro.
Son las 12:00 a.m y frente a mí yace (todavía) una hoja en blanco y un lapicero negro.

No sé cómo escribir cartas. Mucho menos si son para ti...
Quizá si tomase todas aquellas lineas que a lo que a lo largo de estos meses he escrito y las pusiera en esa hoja de papel, crearía la carta más bonita y caótica de todas.







Me llevará tiempo crear la carta más bonita y caótica de todas, porque, joder, te he escrito hasta en el viento.





(Esa tarde te escribí en las marañas de mi cabello.) 

"Hopelessly pathetic."

Casi todo se desvanece.
Y escribo casi porque me gusta creer que hay cosas que no pueden desvanecerse, que no pueden evaporarse poco a poco, ni desaparecer con tan sólo cerrar los ojos.



("El reloj marca las 10:51 y mi cuerpo marca que ya no puede.")

¿Por qué...?

¿Qué carajos está ocurriendo?

¿Por qué de pronto todo comienza a distorsionarse?
¿Por qué lo nuestro se parece a uno de esos sueños que apenas ( y a penas) se recuerdan?
¿Por qué me has soltado ahora que el viento me escuece los labios y el alma?
¿Por qué se desmorona nuestra casita de papel?
¿Por qué se me agotan los "porqués" pero sigo sin entender y sigo asfixiada?

¿Qué carajos está ocurriendo? Joder, si somos dos personas que se aman... ¡Que se aman, joder!






   ("Joder, joder, joder... ¡Detén esto y abrázame!", le suplicaba, pero él no escuchaba. 
Él ya no estaba para siempre. Estaba para nunca)

   




                  

Aquella palabra escrita con vapor de cristal.

Dáñame de tal manera que me sea necesario borrar de mi vocabulario aquella palabra a la cual tanto requerías para nombrarme; tanto que la confundí con mi nombre.

Aquella palabra que de tu voz no escuché más de una vez.

Aquella palabra con la cual me acurrucaba en la madrugada, y tras quedarme dormida, me descocía. 


Aquella palabra que jamás entendí, y que, sin embargo, malgasté.


Dáñame de tal manera que me sea necesario borrar de mi vocabulario aquella palabra que me juraste que no era mentira. Que me prometiste que existía en uno mismo y en la vida.

Aquella palabra escrita con vapor de cristal mentira.



(Podría tratar de cerrar los ojos, tal y como sueles hacerlo tú cuando no quieres ver una realidad que destroza. 
Pero es que, sin saberlo, me enseñaste a mirar así como me enseñaste a doler. Y ya no sé cómo no hacerlo.)

"Se sentía como si le hubiesen cortado con una cuchilla caliente."

¡No! ¡no vuelvas no!
¡No quiero oír tu nombre!
¡No vuelvas no, no!
¡No vuelvas no! 
¡No quiero oír tu nombre!
¡No vuelvas!
No...




Letras que destrozan, desintegran y flagean.
Que apagan y ahogan.
Que laceran, destruyen, supuran y alimentan (los miedos).
Que martirizan, que escozen, que crispan, que matan.
Y que aman. ¡Y ah cómo aman las hijas de puta!
("¿A qué saben tus lágrimas?", le preguntan. "A lo mismo que sabían sus labios.", contesta.)

Otra vida.


Tenía el cabello lamentablemente oscuro y un exquisito control sobre mi vida. Quizá y lo único que la hacía turbia era el hecho de que estaba arraigada a una ilusión.
--
Contaba con la presencia de siete seres (reales) con los cuales compartía risas y a veces llanto. Algunos les llaman amigos.
Ellos no entendían el porqué de las cosas que yo deseaba hacer, pero, casi siempre, las hacían conmigo.
--
Tenía metas y anhelos. 
Había olvidado el sabor del alcohol e incluso el de los cigarrillos.
No conocía de insomnio ni de agonías, ni de desbordes ni convulsiones (sentimentales).
No conocía de desastre, conocía (un poco) de vida.

Otra vida, ciertamente.
Una vida que era mentira.





"¿Cuántas vidas vivimos?", le preguntó Teresa a la nada. 

"Nunca nadie nada como tú."

Escrito un 19 de mayo del año 2013, de aquella vida que se ha quedado en ruinas.

Llegué a la conclusión de que la vida contigo o sin ti sigue siendo vida.
Pero prefiero vivirla contigo. Sea de la manera que sea...
Porque aunque no crea en los para siempre, me gustaría que tú fueras para siempre.
Quiero que sigas desordenándome de maneras que sólo tú sabes, todos los días de mi vida.
Me tranquiliza que no huyas cuando tengo miedo, que en lugar de eso quieras besarme las cicatices.
Me dulcifica como has ido con calma, y a veces con impaciencia, quitando el prefijo "im" de todos los adjetivos de los que estoy formada.
Cuando no me apetece estar sola, pero tampoco acompañada, anhelo levantar la vista y encontrarme con tus ojos pequeños.
Me gusta que seas sólo tú quien sabe verme cuando soy puros miedos e incertidumbres.
Me haces feliz... Nunca nadie me había hecho feliz. 
Nunca nadie nada como tú.




(Me ha parecido adecuado abrir el blog con esto. No es mucho, ni es demasiado, es suficiente.
Encontrar este texto entre los archivos olvidados de mi ordenador me ha incitado a esto que ahora mismo estoy haciendo.
...Es que quería agregarle una fotografía, y no podía. "Pues abro un blog", pensé.
"Obstinada", me llamaría Z.)