lunes, 2 de septiembre de 2013

Aquella tarde me volví adicta al humo que se escapaba de tu boca entreabierta.
Era como si tuviese la capacidad de nadar en él... Y de pronto aparecer en un submarino minúsculo, dentro de ti, siguiendo la estela de un cometa (quizá era un cometa) que me dejaba inerte en tus labios...
Y entonces volvía a escaparse el humo y...

(Mis labios en la punta de su nariz. Su sonrisa. Pensaba que jamás había visto algo más bello, y era verdad.)

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