He pasado al rededor de una hora andando entre las margaritas, cachando copos de nieve con la lengua, misma que anhela acariciarte los parpados y la clavícula.
Ojalá estuvieses aquí, en el campo de margaritas, conmigo. Podríamos jugar con ellas a eso de "Me quiere, no me quiere" y quedarnos juntos sin importar lo que la flor translucida y triste diga.
(Las margaritas se parecen a tu cuello.)

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