viernes, 9 de agosto de 2013

Como caminar sobre las vías.

"Dame la mano", pidió T.
"Joder, T, no me va eso de tomar de la mano a los demás.", pensé.
Le di la mano.
Caminamos por las vías de tren, tomados de la mano (o algo parecido puesto que sólo sujete dos de sus dedos). Yo le hablaba sobre Z, él se limitaba a escuchar.
Cuando ya íbamos libres, habló.
-Cuando me diste la mano y caminamos, no pensé en nada. Pero ahora se me ha venido algo a la mente.
-¿Qué?
-¿Recuerdas que ayer me hablabas sobre las palabras que te gustan? Yo te dije que la palabra más bonita era "estabilidad".
-Sí -le digo con mohín.
-Pues, quizá sea fuerte decirte esto...-dice y lo interrumpo-
-Dime -le pedí mientras veía la vía bajo mis zapatillas azules y desgastadas, deseando que no fuera a romperme a palabras.
-Yo soy estable. Cuando te tomé de la mano, eramos estables. Pensé que no íbamos a caer... Tú te caíste, y me hiciste caer también. Te volvía tomar de la mano y volvimos a caminar; volviste a caer, pero esta vez yo fui lo suficientemente estable como para mantenerme en pie. Subiste nuevamente a la vía, pero yo ya no te di la mano, y hasta ahora has vuelto a caer varias veces, pero yo ya no.
-Sí... -dije en un suspiro y casi escuché como me rompía.
-¿Entiendes lo que trato de decir? -preguntó con seriedad. 
Asentí y me abrazó.

Lo entendí, sí. 
Sí...




(...)

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