domingo, 4 de agosto de 2013

Otra vida.


Tenía el cabello lamentablemente oscuro y un exquisito control sobre mi vida. Quizá y lo único que la hacía turbia era el hecho de que estaba arraigada a una ilusión.
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Contaba con la presencia de siete seres (reales) con los cuales compartía risas y a veces llanto. Algunos les llaman amigos.
Ellos no entendían el porqué de las cosas que yo deseaba hacer, pero, casi siempre, las hacían conmigo.
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Tenía metas y anhelos. 
Había olvidado el sabor del alcohol e incluso el de los cigarrillos.
No conocía de insomnio ni de agonías, ni de desbordes ni convulsiones (sentimentales).
No conocía de desastre, conocía (un poco) de vida.

Otra vida, ciertamente.
Una vida que era mentira.





"¿Cuántas vidas vivimos?", le preguntó Teresa a la nada. 

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