¡No! ¡no vuelvas no!
¡No quiero oír tu nombre!
¡No vuelvas no, no!
¡No vuelvas no!
¡No quiero oír tu nombre!
¡No vuelvas!
No...
Letras que destrozan, desintegran y flagean.
Que apagan y ahogan.
Que laceran, destruyen, supuran y alimentan (los miedos).
Que martirizan, que escozen, que crispan, que matan.
Y que aman. ¡Y ah cómo aman las hijas de puta!
("¿A qué saben tus lágrimas?", le preguntan. "A lo mismo que sabían sus labios.", contesta.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario