miércoles, 7 de agosto de 2013

La soledad me escuece los labios.

Desperté debido a que el dolor, ligero e insistente, se tumbó sobre mis labios.
¡Joder, cómo escuece esta soledad!
Me quité la sábana de encima y la lancé lejos de la cama. 
Permanecí sentada al borde por unos minutos, y rompí a llorar. Así nada más.
"Joder", susurré al sentirme en patetismo, y con violencia me limpie las lágrimas del rostro y el cuello.
Y pensar que tus labios habían rosado el mismo sitio que ahora mis dedos coléricos maltrataban.
Encendí la lampara de noche y observé la lluvia por el ventanal. Ni siquiera sonreí.
Eché un vistazo rápido al reloj. 

-"3:15 a.m. Joder, qué bien me vendrían un cigarrillo y un café ahora mismo.", dice Vía.
-"Pero no hay café. Mucho menos cigarrillos.", le reprende L.
-"Hay ausencias. Se pueden fumar." dice Vía.
-¿Y qué vas a beber?, pregunta L.
-Hay ruinas también... 


(Poco a poco me rompo más.)

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