¡Joder, cómo escuece esta soledad!
Me quité la sábana de encima y la lancé lejos de la cama.
Permanecí sentada al borde por unos minutos, y rompí a llorar. Así nada más.
"Joder", susurré al sentirme en patetismo, y con violencia me limpie las lágrimas del rostro y el cuello.
Y pensar que tus labios habían rosado el mismo sitio que ahora mis dedos coléricos maltrataban.
Encendí la lampara de noche y observé la lluvia por el ventanal. Ni siquiera sonreí.
Eché un vistazo rápido al reloj.
-"3:15 a.m. Joder, qué bien me vendrían un cigarrillo y un café ahora mismo.", dice Vía.
-"Pero no hay café. Mucho menos cigarrillos.", le reprende L.
-"Hay ausencias. Se pueden fumar." dice Vía.
-¿Y qué vas a beber?, pregunta L.
-Hay ruinas también...
(Poco a poco me rompo más.)

No hay comentarios:
Publicar un comentario