Eran las 9:45 p.m. Frente a mí yacía una hoja en blanco y un lapicero negro.
Son las 12:00 a.m y frente a mí yace (todavía) una hoja en blanco y un lapicero negro.
No sé cómo escribir cartas. Mucho menos si son para ti...
Quizá si tomase todas aquellas lineas que a lo que a lo largo de estos meses he escrito y las pusiera en esa hoja de papel, crearía la carta más bonita y caótica de todas.
Me llevará tiempo crear la carta más bonita y caótica de todas, porque, joder, te he escrito hasta en el viento.
(Esa tarde te escribí en las marañas de mi cabello.)

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